Historia del Himno Nacional Dominicano

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HIMNO DE REYES Y DE PRUD’HOMME (Himno Nacional Dominicano).

(Ponencia del General de Brigada Médico Dr. Rafael Leonidas Pérez y Pérez :. sobre el Himno Nacional Dominicano, Director General de Historia Militar SEFA, dictada en el Pabellón de las Fuerzas Armada, en la XII Feria Internacional del Libro, Santo Domingo 2009).

La Historia Patria no ha dedicado un capítulo que hable del primer Himno (ni de los otros tampoco) congénito con la Independencia de la República Dominicana. Este himno, letra del poeta Félix María Delmonte y música del Coronel Juan Bautista Alfonseca, debía ser realmente el único si los dominicanos hubieran sentido más inclinación por las cosas de su tierra.

Cuando Alfonseca y Delmonte escribieron el Canto Patriótico de la naciente República Dominicana, pertenecían tan solo al único y sacratísimo partido de la Independencia. Más tarde, al organizarse los bandos que dirigieron Pedro Santana y Buenaventura Báez, aquellos ciudadanos militaron en las filas del rojismo y esa parece ser la causa que influyó poderosamente en el abandono del Himno del 1844.

Ahora voy a referirme al Himno de la Restauración, generalmente conocido con el nombre de Himno de Capotillo, letra del poeta Manuel Rodríguez Objío, muerto en el 1871, y música del Maestro  Ignacio Martí Calderón, muerto, también, en San Juan de Puerto Rico en 1903.

Había que cantar necesariamente a la gloriosa epopeya iniciada en el año 1861 y ese es el origen del Himno de Capotillo.

Al Gral. Gregorio Luperón, héroe máximo de aquella patriótica jornada, se debe que el poeta Rodríguez Objío y el Maestro Martí Calderón escribieran respectivamente la letra y la música de este Himno.

Este otro Canto Nacional, que tampoco ha debido olvidarse, fue popularísimo en las provincias del Norte y del Centro de la República. Cuando el Himno de Reyes empezó a generalizarse en aquellas regiones, se tocaba en las fiestas del 27 de Febrero, y aquel en las del 16 de Agosto.

Cuando el 14 de Marzo de 1871 el Gral. Luperón salió de Capotillo haitiano con 45 patriotas para protestar con las armas por la anexión de nuestro país a Estados Unidos de América, aquellos valientes, entre los cuales iba el autor de la letra, emprendieron la marcha cantando el Himno de Capotillo con Música que se supone improvisaron, puesto que la verdadera, la que compuso el Maestro Ignacio Martí Calderón, fue escrita, poco más o menos, en el año 1885.

La última vez que oficialmente se ejecutó este Himno, fue el 16 de agosto de 1926 con motivo de la Apoteosis del Héroe Epónimo. Desde el Palacio Municipal de Puerto Plata hasta la Estación del Ferrocarril no terminaron de oírse las marciales notas de ese Canto Patriótico que se escribió a indicación de él.

El día 12 de julio de 1883 se fundó en esta Capital la Asociación de la Prensa. Entre sus actividades una fue la celebración de actos de cultura. De 1883 a 1884 hubo una serie de Veladas interesantes.

La primera se celebró en el Teatro de La Republicana en la noche del 24 de julio, con motivo del Centenario de Bolívar. La segunda fue un homenaje al 16 de agosto, vigésimo aniversario de la Restauración Política de la República.

Este acto social, que tuvo efecto el viernes 17 de agosto, debía celebrarse en el local del Colegio San Luis Gonzaga, cuyo fundador y director lo fue el nunca olvidado filántropo Pbro. Francisco Xavier Billini y Hernández; pero por la muerte de su sobrino, el joven Silvino Billini, se efectuó en los salones de la Logia Esperanza, situada entonces en la calle Mercedes No. 4 (local actual de la Fundación Dominicana de Desarrollo). En esa noche se tocó y cantó por primera vez el Himno de Reyes y de Prud’homme.

En la breve crónica de dicho acto, escrita por Don Federico Henríquez y Carvajal, publicada en la Revista Científica, se lee este párrafo: “Hubo dos himnos, a toda orquesta, cantados por varios caballeros: uno del profesor José Reyes, letra de Emilio Prud’homme; otro del profesor José M. Arredondo, letra de la poetisa Josefa A. Perdomo. Ambos gustaron; pero singularmente el del maestro Reyes por su aire popular”.

Tres casas vecinas, ubicadas al extremo oeste de la antigua calle del Arquillo, llamada luego de Santo Tomás –en memoria y honor del piadoso mitrado que fue el doctor Don Tomás de Portes e Infante- y ahora Arzobispo Nouel, recuerdan y evocan la honesta vida hogareña y la bella labor artística de José Rufino Reyes y Siancas, el inspirado autor de la música del Himno Nacional Dominicano.

En la casa No. 65, nació, se meció su cuna, corrió su infancia y fue ciudadano y soldado de la patria. En la No. 85, celebradas sus nupcias con la joven gentil que había de ser la madre de sus hijos, encendió su nuevo hogar cuando aun no contaba veinte años. En esa casa tuvo su residencia en un lapso de ocho a nueve lustros; y en ella formó y educó su familia. En ella fue, también, donde trazó en el pentagrama el tema épico de su himno, a fines del año 1882, y donde, a principios de 1883, adaptó a su partitura las estrofas decasílabas escritas por Emilio Prud’homme. En la casa No. 94,  vivió sus años postreros -los iniciales de la pasada centuria- y murió el 31 de enero de 1905, antes de cumplir la edad septuagenaria (Clío, Revista Bimestre de la Academia Dominicana de la Historia, Fascículo VI, Noviembre y Diciembre, Año 1935, Pág. Núm. 159).    Nuestro Himno Nacional de bélicas notas nació, como mucho de lo nuestro, bajo el cuestionamiento de su autenticidad. El Himno Patriótico, como por muchos años se llamó, integró la música de José Reyes con la letra de Emilio Prud’Homme. La primera información que se tiene sobre nuestro canto nacional corresponde al semanario El Eco de la Opinión de fecha 16 de agosto de 1883. Esta publicación comunicaba que en la Logia Esperanza se interpretaría el himno patriótico. En el año 1884, cuando fueron traídas al país las cenizas de nuestro Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte, este himno fue interpretado en todo el trayecto desde el muelle hasta la catedral, en su merecido retorno al seno de la Patria. La letra y la música eran el mejor marco histórico de referencia para aquel que todo lo dio por una patria libre e independiente.

Voy a leer las estrofas de la primera letra, publicada en el No. 216, Año V, de El Eco de la Opinión de fecha 16 de agosto de 1883.

 

Quisqueyanos valientes, alcemos Nuestro canto con viva emoción, Y la aurora feliz saludemos De la Patria y la Restauración.

Salve al Pueblo magnánimo y fuerte Que si esclavo en un tiempo gimió, Tras el grito de ¡libre ó la muerte! Su cruzado pendón tremoló!

No merece de libre la fama Pueblo alguno si, torpe y servil, No se siente abrasar en la llama Que templó el heroísmo febril. Mas Quisqueya, la noble guerrera, Puede altiva la frente elevar, Que si esclava mil veces se viera Otras tantas tornara á triunfar.

Compatriotas, la frente abatida No se incline ante el mundo ya más, Que Quisqueya será confundida, Pero sierva de nuevo, jamás. Si á la Patria gentil de Febrero Intentare otro déspota hundir, Sabrá altiva empuñar el acero Y en el campo vencer ó morir.

Si una vez su nobleza ultrajaron Las cadenas de intruso señor, Las Carreras, Beler, proclamaron Que Quisqueya es un pueblo de honor. Libertad! exclamó en el Baluarte De Febrero, la voz de lealtad, Y el acento de Sánchez y Duarte Resonó por doquier, ¡Libertad!

Si más tarde por torpe caudillo Deshonrada la Patria se ve, Libertad! resonó en Capotillo Y la Patria otra vez libre fué. De la audaz y soberbia Castilla Su fiereza depone el León, Y aterrado y vencido se humilla Al flotar el cruzado pendón.

De la Patria al santuario lleguemos Victoriosos el himno á ofrecer; Y ante el ara bendita juremos Por ser libres morir ó vencer. ¡Libertad! que los pechos palpiten, Mientras llenos de noble ansiedad, Nuestros campos de gloria repiten: ¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!

Esta letra, según declaración de su autor, fue reformada once años después de haberla escrito.

Después de la Capital, corresponde a Azua y más tarde a Puerto Plata el honor de haber sido las primeras ciudades de la República en donde se tocara el Himno Nacional. En el Cibao se generaliza con motivo de la inauguración del Ferrocarril de Puerto Plata a Santiago, celebrada el 16 de agosto de 1897.

Emilio Prud’homme nació en Puerto Plata el 20 de agosto del 1856, en el mes de agosto del año 1887 se traslada a la ciudad del Vía, llevado allí para dirigir la escuela Perseverancia, fundada por el General Francisco Montes de Oca. Mucho antes de trasladarse a Azua mantenía estrechos contactos con aquella sociedad, contactos que se mantuvieron hasta el año 1893, cuando una disposición del dictador Ulises Heureaux (Lilís) le hace trasladarse a Santo Domingo. En Azua no sólo dejó el honor de ser la segunda ciudad en donde resonaron las notas de nuestro glorioso y hermoso Himno, sino que también dejó discípulos, entre los cuales sobresalió en el campo de las letras y de la enseñanza Bartolomé Olegario Pérez, el sensitivo poeta de “Margaritas”.   Murió Emilio Prud’homme en la ciudad de Santo Domingo el 21 de julio de 1932.

Joaquín Balaguer en su “Historia de la Literatura Dominicana” respecto al Himno Nacional, a la que califica como la obra maestra de Prud’homme, dice entre otros conceptos que: “Pocas poesías de ese género se han escrito en lengua castellana de ejecución tan acorde con su objeto: estrofas retumbantes, versos cargados de estallidos, palabras e imágenes escogidas para excitar la imaginación con sugestiones guerreras: éstas sonoras y enérgicas, como el metal golpeado; aquéllas, ardientes como la llama de las espadas, y todas sin excepción, fundidas como una lámina de bronce para recibir y devolver en miles de sonidos vibrantes, el eco de la epopeya.”

La orquesta dirigida por Manuel Martínez tuvo la gloria de estrenar el Himno de Reyes y Prud’homme, como señalamos, el viernes 17 de agosto de 1883 en Velada de la Asociación de la Prensa con motivo del 20o aniversario de la Restauración Política de la República. Estuvo compuesta de la siguiente forma: violines José Pantaleón Soler y Mariano Arredondo; cello, José Reyes; contrabajo, Mulet; bombardino, Manuel Martínez; clarinetes, Juan Francisco Pereyra y Alfredo Máximo Soler; flautas, Julio Acosta y E. Affigne; trompa, L. Polanco; bajo, Marcelino Henríquez.

(Federico Henríquez y Carvajal afirmó que él formó parte del coro cuando el estreno del Himno de Reyes y Prud’homme).

¿Qué motiva a José Reyes a aproximarse a Emilio Prud’homme (y a otros poetas) para solicitarle “un texto para el himno que pensaba componer”, como dijera? Pensamos nosotros que pudo ser lo siguiente:

A mediados del 1882, el General Gregorio Luperón regresó al país luego de un viaje a Europa. El Maestro Ignacio Marty Calderón, recién radicado en Puerto Plata, le dedica un pasodoble (cuyo título fue La Bienvenida) y, entusiasmado, Luperón le pide que sobre texto de Manuel Rodríguez Objío que le entrega, escriba la melodía  del Himno de Capotillo. Se escribe la melodía y el himno se estrena con acentuado éxito, el 26 de febrero de 1883; alcanzando tal éxito, que enseguida surgen peticiones en el sentido de que fuera declarado por el gobierno como Himno Nacional.

Hasta aquí hemos narrado hechos concretos. Ahora, no obstante, entraremos al plano conjetural en lo relacionado a las motivaciones que pudiera haber tenido José Reyes.

Enterado del suceso, José Reyes decide escribir un Himno que pudiera ser considerado como Himno Nacional, ya que la petición para que al Himno de Capotillo le fuera otorgado tal honor no tuvo favorable aceptación. Se dirige entonces a Emilio Prud’homme, obtiene de éste el texto, e inspirado en el himno argentino como dijera el mismo en una oportunidad, escribe su marcial melodía. Así, pensamos nosotros, pudo haber sido el origen de nuestro Himno Nacional, aunque en ningún momento deben ustedes dejar de tener en cuenta que todo lo últimamente externado no es una afirmación nuestra sino una simple conjetura.

En 1890 -gobernando otra vez Lilís- se hace mención por primera vez del Himno Nacional Dominicano en un acto oficial, cuando se inauguraron los edificios para la Comandancia del Puerto y de la Aduana de Santo Domingo, hecho ocurrido el 27 de febrero de ese año (véase el programa que rigió para dicha inauguración, en la edición número 174 del Listín Diario de fecha 26/02/1890).

En este año de 1890, por igual Alfredo Máximo Soler, director de la Banda Militar, realiza la instrumentación para banda del Himno Nacional Dominicano.

En la revista Letras y Ciencias, año VI, Núm. 116, editada en Santo Domingo en fecha 27 de Febrero de 1897, apareció el Himno Nacional Dominicano con estrofas de Federico Henríquez y Carvajal y música del maestro José Reyes, pero éste no desplazó del Himno las estrofas que compusiera Emilio Prud’homme.

El 6 de marzo de 1892, en la misma revista Letras y Ciencias -que dirigiera junto a su hermano Francisco Henríquez y Carvajal-, año I, Núm. I, Federico Henríquez y Carvajal publicó las letras de su Himno Nacional escritas el 27 de Febrero de 1884.

En el 1892 Federico Henríquez y Carvajal había propuesto unas nuevas letras al himno patriótico y bajo el título de “A las Armas” circularon por el Santo Domingo de entonces unas nuevas letras patrióticas que no tuvieron ningún tipo de acogida.

En el año 1894 alguien acusó de plagio al maestro José Reyes. Esto causó revuelo en los medios y en la sociedad de entonces. Posteriormente las aguas “volvieron a su nivel” cuando el acusador reconoció, públicamente, que se había equivocado.

En el 1897 se establecieron públicamente las bases literarias y se llevó a cabo una convocatoria para sustituir la letra del himno patriótico de José Reyes. En ese mismo año, Prud’homme modificó las letras originales del himno, lo que tuvo como resultado un cuestionamiento público de Enrique Deschamps, quien proponía substanciales modificaciones al texto corregido.

El 30 de abril del año 1897, el diputado Rafael García Martínez presentó al Congreso Nacional una moción para lograr la oficialización del himno. La moción fue enviada a una comisión de estudio, en la cual se externaron las más diversas, e interesadas opiniones. Por votación la comisión aceptó, el 7 de junio de 1897 el himno patriótico como himno nacional, basándose no solo en su contenido patriótico sino en que ya era de uso público en actividades oficiales. No obstante esto, Ulises Heureaux, Lilís, presidente en ese entonces, ni  promulgó ni vetó lo decidido por la comisión y por el Congreso. Simplemente Lilís ignoró la existencia del canto nacional, generalizado en su uso, y no fue sino 37 años después  que el presidente Rafael Trujillo declaró como oficial el himno de Reyes y de Prud’Homme. Lo más significativo de ese período indefinido fue el hecho de que el himno patriótico se siguió utilizando en los actos oficiales, que el maestro Reyes recibió una pensión por ser el autor de la música, que a varias calles de diversas ciudades se les asignó el nombre de los autores, todo esto aparte de que la cruz más alta del Cementerio Antiguo de Santo Domingo correspondía a la tumba de Reyes y de Prud’Homme. Actualmente están sepultados en el Panteón de la Patria, calle Las Damas, Ciudad Colonial, Santo Domingo, Distrito Nacional.

Trujillo promulgó la ley que oficializó el Himno de Reyes y Prud’homme, y reza la misma así:

“EL CONGRESO NACIONAL EN NOMBRE DE LA REPUBLICA

Número 700

CONSIDERANDO que el canto patriótico constituído por la música del maestro José Reyes y la letra del poeta Emilio Prud’homme, ha sido adoptado como himno nacional por el pueblo dominicano desde hace muchos años como expresión de sus sentimientos patrióticos y evocación de sus luchas gloriosas por la libertad.

CONSIDERANDO que con ese himno son también solemnizados desde hace mucho tiempo los actos oficiales en la República, y que han intervenido diversas disposiciones que implican su reconocimiento oficial.

CONSIDERANDO que, no obstante hallarse ese canto nacional consagrado como himno patrio por la costumbre, no se ha dictado hasta ahora una disposición legislativa que lo reconozca formalmente.

DECLARADA LA URGENCIA HA DADO LA SIGUIENTE LEY:

Artículo único.- Se declara himno oficial de la República el compuesto por el maestro José Reyes con letra del poeta Emilio Prud’homme.

DADA en la Sala de Sesiones del Palacio del Senado, en Santo Domingo, Capital de República Dominicana, a los veintidós días del mes de mayo del año mil novecientos treinta y cuatro, años 91o de la Independencia y 71o de la Restauración.

EL PRESIDENTE: MIGUEL ANGEL ROCA LOS SECRETARIOS L.E. HENRIQUEZ CASTILLO ABIGAIL MONTAS

Ejecútese, comuníquese y publíquese en todo el territorio de la Republica, para su conocimiento y cumplimiento.

DADA en la ciudad de San Cristóbal, residencia temporal del Poder Ejecutivo, a los treinta días del mes de mayo del año mil novecientos treinta y cuatro. RAFAEL L. TRUJILLO PRESIDENTE DE LA REPUBLICA

REFRENDADO: PORFIRIO HERRERA, SECRETARIO DE ESTADO DE LA PRESIDENCIA

REFRENDADO: T. PINA CHEVALIER SECRETARIO DE ESTADO DE INTERIOR POLICIA, GUERRA Y MARINA”

¡Hasta se quiso cambiar versos de Emilio Prud’homme para colocar a Trujillo en el Himno Nacional Dominicano, en el año 1935!

Y todavía habría que esperar treinta y dos años más nuestro Himno para que fuera consagrado constitucionalmente, lo que viene a suceder con el Artículo 97 de la Constitución votada en el 1966.

Hoy en día el artículo 33 de la Constitución de la República proclamada el 26 de enero de 2010 establece que: “El Himno Nacional es la composición musical de José Reyes con letras de Emilio Prud´Homme, y es único e invariable“.

A pesar de ser Trujillo quien oficializa nuestro Himno, parece ser que después le resulta algo tedioso, quién sabe si debido a la frecuencia con que se ejecutaba para él, pues en el 1941 dispone que se suprima la introducción y que sólo se ejecuten los ocho primeros compases cuando se le rindan honores a él o al Presidente de la República, según se observa en el Listín Diario del 25 de Julio del mencionado año. No obstante, parece que tal disposición quedó prontamente convertida en letra muerta. En cambio, la velocidad a que comenzó entonces a interpretarse el Himno, tomó caracteres de vertiginosidad a partir de ese momento y durante vivió el dictador Trujillo. Muerto éste, la velocidad a que venía ejecutándose empezó a decrecer, hasta que en 1983, al cumplirse el centenario de su estreno, se reguló por decreto la forma en que deberá ejecutarse: Lo será, dice el dispositivo, al unísono (se sobreentiende que esta disposición se refiere a cuando sea cantado) y a una velocidad de 110 negras por minuto.

El señalado decreto es el número 1332, de fecha 17 de agosto de 1983 y lo firmó el entonces Presidente de la República, Salvador Jorge Blanco. Podemos mencionar sanciones en caso de irrespeto o ultraje contra los símbolos patrios.  En el Art. 8 de la Ley No.360 de 1943, se castiga con pena de seis días a un mes de prisión a quien irrespete los símbolos patrios.

A los que ultrajen los símbolos, la pena es de tres meses a un año de prisión y multa. Si el autor de la infracción es extranjero, se le expulsará del territorio nacional.  Los Jueces de Paz son los Magistrados competentes para aplicar estas sanciones.

 

 

BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA POR EL CONFERECISTA:

1.- BALAGUER, Joaquín, “Historia de la Literatura Dominicana”, Décima Edición, Editora Corripio, Santo Domingo, D.N., 1997, Pág. 225.

2.-BARREIRO, Teófilo, “El Himno a las doce”, Periódico El Nacional, 10 de enero de 1999, Pág. 5.

3.-CLÍO, Revista Bimestre de la Academia Dominicana de la Historia, Fascículo VI, Noviembre y Diciembre, Año 1935, Pág. Núm. 159.

4.-CONSTITUCION DE LA REPÚBLICA DOMINICANA (Proclamada el 25 de julio de 2002), Publicación de la Comisión Permanente de Efemérides Patrias, Santo Domingo, D.N., 2004, Págs. 88 y 89.

5.-GÓMEZ, Wilson, “Duarte y los Símbolos Patrios”, Publicación del Instituto Duartiano, Santo Domingo, D.N., s/f., Pág. 19.

6.-HOLGUÍN-VERAS, Miguel, “Azua y el Himno Nacional Dominicano”, Publicaciones de la Academia de Ciencias de la República Dominicana, Talleres Gráficos de Editora Búho, Santo Domingo, D.N., Septiembre de 2003, Págs. 3, 4, 11,12, 25.

7.-INCHÁUSTEGUI, Arístides, “Apuntes para la Historia del Himno Nacional Dominicano”, Museo Nacional de Historia y Geografía, Asociación Jaycees Dominicana, Imprenta Amigo del Hogar, Santo Domingo, D.N., 1982, Págs. 9, 41, 42.

8.-RAVELO, José de Js., “Historia de los Himnos Dominicanos”, Clío, Revista de la Academia Dominicana de la Historia, Marzo y Abril, Año 1934, Págs. 45, 46, 48, 49, 50, 51.

9.-PÉREZ Y PÉREZ, Rafael Leonidas, “José Reyes, Compositor del Himno Nacional”, Revista de las Fuerzas Armadas, Noviembre/Diciembre 2004,           No. 342, Págs. 28 y 29.

 

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