LA FAMILIA MASÓNICA: FRATERNIDAD (Segunda Parte)

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Santo Domingo, D.N.  Lunes 12 noviembre 2012

por Augusto Manuel del Castillo Félix, M.:M.: , Orador

Trazado de Arquitectura: LA FAMILIA MASÓNICA: FRATERNIDAD (Segunda Parte)

Hasta este momento, hemos hecho alusión a la Familia que constituimos los Francmasones, a la Orden Masónica.

La Familia Consanguínea o Carnal, como institución primigenia de la Sociedad se encuentra sujeta a las mismas leyes sociales que la primera, pero además depende de reglas biológicas obedientes a impulsos instintivos que son muy bien definidos por nuestra Orden y que el Hermano de los Gremios de Albañiles, nuestro antecesor, sabiamente extrapoló e incorporó a sus estatutos con consecuencias tan extraordinarias como el atraer a los intelectuales, visionarios que hicieron mutar de operativa a especulativa nuestra Organización. Algunos de esos visionarios incluso pertenecían a la nobleza que, conforme a la usanza de entonces, percibía los mejores bienes y era objeto de la más esmerada educación. Ellos estuvieron en capacidad de entender el valor de lo que esos gremios habían alcanzado: Solidaridad, respeto de sí mismo y de cada uno de sus miembros, orden, jerarquía, colaboración, capacitación, búsqueda de la verdad, persecución del progreso, de la mejoría material y espiritual individual y colectiva… y la asimilaron como un verdadero sistema filosófico en el cual la igualdad, la libertad y el amor fraternal debían ser el modelo a seguir por la Sociedad.

Creemos no arriesgarnos mucho cuando afirmamos que más que posible, es muy probable, que la creación de regímenes democráticos en Europa, las independencias de las Repúblicas de América y la extensión de tales sistemas por todo el orbe, hayan tenido como germen aquellas regulaciones que se auto impuso la Masonería. Mas, aceptando la dinámica gradual y progresiva del devenir de nuestra especie, admitir lo crucial del jalón histórico no impide entender dicho avance como parte del progreso que por fuerza ha ido experimentando la Humanidad. La Historia no retrocede. Puede encontrarse en diferentes etapas en localizaciones geográficas y cronológicamente, pero en cada conglomerado social es progresiva y a ella debe adaptarse el Hombre.

Al igual que sin el Masón la Logia no es tal, la familia consanguínea, por vínculo o por adopción, esta última como en el caso de los esposos donde, en lugar de consanguínea, es adquirida por vínculo matrimonial; esa estirpe que conocemos como familia, sin sus miembros es irrealizable. Hacemos esta afirmación so riesgo de que luzca una perogrullada. Sin embargo, nos referimos al hecho de que esa célula primigenia de la sociedad, sin que cada miembro de la misma juegue su rol a su interior, es una unidad disfuncional.

Opinábamos que el factor fraternal es el que más peso específico tiene en la conservación de la cohesión de este núcleo, admitido por la Declaración Universal de los Derechos Humanos como el elemento natural y fundamental de la sociedad, el cual tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado. Ese agente amoroso y entrañable que conduce a que se compartan penas y alegrías, es el cemento que adhiere a unos y otros dentro de esta institución. Bien reza la máxima popular: “la sangre pesa más que el agua”.

No obstante, sin educación, sin civismo, sin comprensión del Derecho Usual, sin entender los derechos y deberes a que nos encontramos sujetos, muchas unidades familiares caen en la anarquía.

Tal es el caso de aquellas células en que no se reconocen los derechos y deberes de cada uno de sus miembros, no hay fe en la relación de consideración mutua que deben guardarse mutuamente sus miembros. O en las que no hay un don de mando paternal y maternal que asuma el liderazgo en las circunstancias que requieren de la experiencia de los mayores y del respeto general y el acatamiento a tal condición. Ese es el caso doloroso de los padres irresponsables en cuanto a la manutención de su prole, de los “malos ejemplos morales”, de los alcohólicos, de los viciosos y aún de otros de los cuales es imposible inculpar a sus sufrientes, como son la enajenación mental, la partida forzosa abandonando la familia o el simple hecho de la muerte que deja en la orfandad a quienes requerían de un modelo a seguir. Se conoce en sicología que padre, madre, hijos-hermanos y demás parientes, tienen roles que seguir en la consecución de la salud del linaje. Algo que se cumple aún trans generacionalmente.

Los padres tienen el deber de educar cívicamente a sus vástagos. Los hijos, en cambio, tienen la obligación de ser reverentes y obedientes ante tales instructores, lo cual es aún objeto de un “mandamiento” bíblico: “honrarás padre y madre”. Pero si falta capacidad al progenitor para usar adecuadamente su regla y su llana, la relación aún fuere formal, puede llegar a ser contraproducente, resultando en la frecuente rebeldía con que responden los hijos de hogares dañados. Se debe educar, jamás ensañarse en la corrección humillante, pues ello da resultados contraproducentes.

Un hijo al que se le retira la confianza de los padres, termina perdiendo la confianza y la fe en sí mismo. Un castigo no puede ser un acto de ensañamiento ni de venganza.

Aquí, es oportuno mencionar lo útil que es ser francmasón cuando se es padre. Pues el Hermano en la Orden es instruido en las Virtudes que dan cuerpo a una vida moral completa, lo cual debe hacerse sentir en su relación más primordial, la hogareña y entre sus integrantes, donde más que en ningún lugar debe saber hacer uso de regla y llana. Sin duda, la principal función de la organización familiar es la producción de vástagos que serán buenos familiares, ciudadanos, en general Humanos. Hoy día conocemos que la célula familiar mejor productora de prole con tales cualidades es aquella donde existen Padres responsables de sus obligaciones e hijos obedientes a sus lineamientos, pero donde sus miembros tienen la certeza de una fraternidad incondicional.

Lógicamente, donde la mente humana asiste en la creación de un orden, además de las normas naturales, biológicas y sociales que rigen una relación, la de familia, hay una sujeción a lo jurídico: leyes Sustantivas y regulatorias que confieren un rol esencialísimo al núcleo familiar en la conformación de la sociedad.

Un concepto que nos parece digno de análisis, es el de la relación de los padres con respecto a los hijos a la luz de lo aceptado en la legislación: la “patria postestad”, o el conjunto de derechos y obligaciones que la ley reconoce a los padres sobre las personas y bienes de sus vástagos, con el objeto de ofrecer educación y sostén a éstos. Pero hay que recordar que esa tutela, como también se la conoce, en caso de violación al derecho del cónyuge o del vástago, se puede ver reducida por parte del Estado, pues debe tener como fin, invariablemente, el bien de los hijos. En no pocas circunstancias, padres se desvían de tal propósito, debido a múltiples causas que pueden incluir su simple incapacidad moral, sicológica o material. Pongamos como ejemplo, como ya se mencionó antes, a uno o ambos padres adictos a los narcóticos, al alcohol, delictivos o simplemente incapaces mentales. Tales padres, en las Sociedad moderna, deberían ser obligados y así se hace en los países desarrollados, a poner a sus hijos en manos del Estado, donde existe un Estado Moderno y Avanzado.

Debemos recordar que el crecimiento y el desarrollo del infante es un período sumamente vulnerable, durante el cual, podemos hacer a los críos mucho bien; pero también marcarlos irremediablemente con secuelas como la carencia de crecimiento, la falta de educación o aún traumatismos síquicos, que podrían hacer de ellos, en lugar del futuro gran humano que nos fue entregado por el G.:A.:D.:U.:, un frustrado, un paria, un fracasado.

Así pues, cada acción de padres y madres, debe ir enmarcada dentro de un concepto de comprensión de sus obligaciones de progenitor. Es pues, delicada en extremo. Pues no sólo se circunscribe a la necesaria manutención y educación académica, sino también a la formación espiritual, sicológica, intelectual, de seres a nuestro cargo mientras son maleables y sujetos a educación.

El Orden cuyas leyes pedimos al Creador nos permita comprender, para ser dignos hijos de su factura, nos impone una de las más delicadas tareas en la formación de nuestra estirpe, en la producción de un hogar a su vez engendrador de descendientes dignos, felices, honrados, en fin… virtuosos. Y, como corresponde al estudio de ramas del saber tan importantes como la pediatría, la sicología, la sociología, el derecho y tantas otras. Tendremos que hacer del tema un compromiso de estudio que deberá continuar próximamente. Pero ante todo diremos que, aún tratándose nuestra Orden de una cadena universal de la cual somos eslabones. Aún queriendo nosotros poder influir sobre la felicidad de todos nuestros semejantes, es la Familia la patria chica a que nos debemos dedicar en forma nuclear. Cada cual debe asumir primeramente e individualmente esa obligación tan particular con su propia familia, antes que se le pueda reconocer como un gran hombre o un gran Masón. Si no estamos para los más cercanos, vana es la intención de trascender. Ello, además, entraña otro valor, si cada uno de nosotros entrega a la Sociedad vástagos mejor formados, la Sociedad será, indudablemente, mejor.

Deberá, pues, continuar siendo la Familia tema esencial del Masón que por fuerza continuaremos tratando con la ayuda de las ramas del saber a nuestro alcance. Cultivando a la familia se cultiva a la Patria y a una Humanidad compuesta por seres mejores, entre los cuales es más seguro, productivo y feliz convivir.

Mientras, y en el Mes de la Familia, que la de cada uno de nosotros alcance Salud, Fuerza y Unión… y mucha felicidad.

Con un T.:A.:F.:,

Augusto Manuel del Castillo Félix, M.:M.:
Orador